En Aragón fueron muchas las luchas, la entrega y el sacrificio, a veces con sangre, que hicieron posible, entre otras cosas la jornada laboral de 8 horas. En estas tierras germinó ampliamente una corriente del pueblo sencillo, la libertaria, secularmente enraizada en nuestra cultura, perseguida sin piedad por Franco y el marxismo, y relegada hasta el olvido total por la democracia actual. Un historiador escribió: En Zaragoza, los libertarios lograron una adhesión proletaria tan grande, que puede considerarse como única en la historia de los movimientos revolucionarios. Los obreros aragoneses comenzaron a empatizar cada vez más los valores morales, políticos y humanistas y la lucha para alcanzarlos, en detrimento de los económicos. Sus huelgas se caracterizaban por su desdén hacia las exigencias económicas y la resistencia de su solidaridad revolucionaría; las huelgas por sus compañeros presos eran más populares que las que reivindicaban mejores condiciones. Hagamos un pequeño recorrido...